Los jesuitas, grandes cultivadores del mate, generalizaron el consumo de mate en recipientes de madera, como la del algarrobo. Luego, los recipientes han evolucionado y los encontramos como el que ves, de madera con la virola de aluminio.
Estos recipientes deben ser cuidados y cuidados para evitar que se rompan y agrieten cuando se sequen. Para ello debemos curarlos.
¿Cómo se cura el mate de madera?
- Enjuagamos varias veces el mate con agua tibia y acabando con agua a punto de hervir.
- Al tratarse de un recipiente 100% natural, su particularidad es que, posiblemente, liberará resinas o aceites, así que el agua puede adquirir un tono marrón de modo que, el proceso continuará hasta que el agua salga totalmente limpia.
- Entre las tomas de mates y después de limpiarlo, es aconsejable llenarlo con agua y azúcar y dejarlo a temperatura ambiente.
- La mantequilla es una fórmula “criolla” de curar el mate palo santo para lograr un sabor superior. El procedimiento es el siguiente:
- Impregnar el interior del mate con mantequilla y déjalo 24 horas.
- A lo largo de esa jornada, agrega una segunda capa de mantequilla.
- Pasadas las 24 horas enjuágalo bien bien y llena las ¾ parte con yerba añadiéndole agua caliente.
- En el tercer día repetimos el proceso del segundo.
- Al cuarto día, ya está listo para ser utilizado ¡Toca disfrutar!
La Yerba
Este recipiente te va a acompañar durante mucho tiempo. En Argentina solemos tomar una media de 2 litros de mate al día, unos 100 gramos de yerba.
La yerba mate se cultiva en las cuencas de los ríos Paraná y Uruguay, sobre todo en sus partes altas. Para argentinos, uruguayos y paraguayos es mucho más que una bebida: es una tradición que se comparte en casa, en el trabajo y alrededor del asado.
Se prepara en mate o calabaza con bombilla, con agua caliente a unos 70–80 °C, nunca hirviendo, para no quemar la yerba. Su sabor es intenso y ligeramente amargo, y contiene cafeína (mateína) de forma natural.










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